Pasean cada tanto por mi Planeta Infierno:

lunes, 19 de mayo de 2014

Get on your dancing shoes.

Hace un tiempo, en la tv escuche a alguien decir que el mundo se divide entre las personas q aman y las que son amadas. Si eso fuera cierto, yo ya entendí todo.
Dicen que cada uno de los integrantes de esos dos grupos es feliz siendo quien es, estando del lado que está. Yo digo que son grupos totalmente compatibles entre si, y que, por cierto, la incompatibilidad se da cuando dos de una misma fila quieren bailar al compás. Se ponen frente a frente y empiezan a bailar como hicieron toda la vida. Los que aman bailan para la derecha, los que son amados, para la izquierda.
Dos que aman se enfrentan, hacen la reverencia inicial, que es universal, independientemente de que grupo sea el tuyo. Se entienden perfecto, giran en sus lugares, porque así comienza el baile, y de repente algo sale mal. ¡ESTÁN YENDO LOS DOS EN DISTINTA DIRECCIÓN! Claro, es lógico, los dos son del grupo que ama, van cada uno para su derecha, se alejan uno del otro cada vez mas.
Cuando uno que ama y uno que es amado deciden bailar, las cosas son algo diferentes. El que ama da un paso a su derecha, el que es amado a su izquierda, y así se puede ver como ambos van en la misma dirección, porque mi derecha es tu izquierda, tu izquierda es mi derecha, y así ambos vamos mirando para adelante, como en esos tangos.
No se en que momento de la vida nos asignan un grupo, o si lo elegimos. ¿Habrá un capitán como cuando jugabas al quemado en la escuela y alguien se encargaba de elegir? (yo siempre era de las últimas, nunca tuve destreza deportiva, aunque a veces me destacaba atajando, tirando la pelota para afuera de un sopapo. ¿Casualidad? No creo.
Sigamos. Después de escuchar esa teoría de la división de grupos entendí que, de ser cierta, estoy en el grupo de los que aman. El problema es que los de mi grupo soñamos con encontrar alguien de nuestras mismas características, alguien que SABEMOS que es de nuestro bando, alguien que -desafortunadamente-  también baila para la derecha.
La vida nos pone una y otra vez frente a los del otro bando, y bailamos, pero la vida es puta, y nos va poniendo canciones cortas. Cuando se terminan el del otro grupo se va, porque no entiende que aún hay más canciones. Y así elegimos otro compañero, hasta dar con el nuestro.
Una vez, hace muy poco, bailé con alguien de mi grupo, mas bien debería decir que intentamos bailar. Los dos sabíamos que estábamos en la misma fila, pero nos corrimos a un costado de la pista para intentarlo. Fue lindo vernos intentarlo, fue lindo ver como nos equivocábamos tratando de bailar para el mismo lado. Creo que él lo hubiera intentando mas tiempo, porque creía que lo estábamos logrando, creía que de a poco el baile iba a salirnos y que íbamos a poder dar una presentación frente a nuestros amigos, como hacen todos los que bailan bien. Yo en cambio me di cuenta después del giro, en el momento que nos tomamos de las manos, que no iba a funcionar, lo intenté porque tenia fe de que yo podía aprender, si el podía, yo podía también, podía por el, y podía por mi. No pude, y me escapé cuando terminó la canción, como hacen los del grupo de los que son amados. Se escapan.
Cuando se juntan dos de los que son amados, sale un baile peculiar, diferente a los que conocemos. Ellos tienen una particularidad: PUEDEN BAILAR SIN MIRARSE A LOS OJOS. Así es como se toman de las manos, y enseguida uno de ellos da un giro de 180 grados.  Ambos van para sus respectivas izquierdas, pero también avanzan en la misma dirección, porque ella está delante de él, de espaldas, y ahora su izquierda es también la izquierda de el. Hay quienes se aguantan ese baile toda la vida, quienes son felices bailando sin ver en los ojos del otro su alma. Los del otro grupo miran con recelo, no entienden como es que pueden bailar sin ver el alma del otro, sin conocer detalles profundos que solo se saben cuando el otro habla mirándote a los ojos, mirándote desde el alma. Los del grupo derecho murmuran por lo bajo, dicen que no les gustó el ensayo de ese baile, que ella tiene me estar frente a el, y no de espaldas, que ese baile esta mal, que las cosas no son así. Lo cierto es que en el fondo envidian un poco la versatilidad del grupo izquierdo, la facilidad con la que (al menos un rato) se entienden entre si. Quisieran ser del otro bando, que parecen ser la banda principal del festival, mientras que los del la derecha se sienten teloneros o menos que eso. Quieren ser principales, quieren poder bailar un rato mas, quieren poder bailar entre ellos.
No pueden. Dos que aman nunca bailan al compás, se entienden pero no compatibilizan. Ella quiere alguien que decida, el quiere dejarla decidir. Se hacen los mimos que en realidad quieren recibir de uno del otro bando, y es así como terminan por cansarse, sin dejar de sentir culpa, ya que pocas veces pueden encontrarse en el mismo baile, pocas veces pueden siquiera intentar bailar juntos, y cuando encontraron lo que buscaban, lo dejaron ir. Se dejaron ir.

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