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domingo, 11 de mayo de 2014

El sonido del horror

Se paralizó. Entró embalada, con las ideas mas claras que nunca, todo tenia sentido. Iba a decirle todo, sólo porque en el fondo tenia esperanzas de que él aun recordara cómo llegar a esa parte de ella. Entró apurada, las ideas le hacían ruido en los bolsillos por culpa del amontonamiento y la velocidad. De golpe perdió todo. No supo más que decir, ni cómo hacerlo; ese escalofrío le había robado todo.
Sintió que él no había estado ahí cuando ella mas lo necesitaba, sintió que le había fallado la última persona que podía fallarle. Luego lo supo. No lo necesitaba. Las personas a las que necesitaba estuvieron, fueron parte y la acompañaron. Él brilló por su ausencia. No lo necesitaba ahí en ese momento, podía atravesar esa situación sin él, y lo hizo, pero saber eso lo complicaba todo. Significaba que a pesar de no necesitarlo, de poder sin él, lo quería ahí. Significaba que no se trataba de una necesidad, si no de una elección. Lo elegía a pesar de poder sin él, lo elegía a pesar de poder sola. Lo elegía aún sabiendo que él significa problemas, dolores de cabeza, platos rotos. Él sonaba en su cabeza como un plato de porcelana blanca con detalles azules estallando contra la pared. Su risa, sus palabras siempre ácidas, todo eso sonaba como uñas en una pizarra. Era un sonido espantoso. Él era el sonido del horror. Él había sido el horror personificado. A veces se lo recordaba, un poco por inercia y costumbre, otro poco por placer.
El era el horror que ella siempre elegía, la película de miedo que siempre la sorprendía en la misma parte, aún cuando ya sabia que la puerta iba a cerrarse sola. Él era lo que ella elegía siempre, aún después de haber sabido que no lo elegía por necesidad, si no por placer. No lo necesitaba, lo quería. Lo volvía a elegir a pesar de todo.
Ya no. Ya no mas.

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