Pasean cada tanto por mi Planeta Infierno:

martes, 3 de septiembre de 2013

Crisis en los ojos

No me puedo dormir. Me paseo por la casa con la netbook, los auriculares puestos, el celular en un bolsillo, los cigarrillos en una mano, el cenicero en la otra. Doy vueltas, pienso en círculos, el eterno retorno se burla de mi una vez mas, y termino sentada contra la pared que dos años atrás me hacía de respaldo mientras hablaba por teléfono mil horas sentada sobre un almohadón.
No es posible que sea la única persona capaz de eso, o quizás si, es posible porque de hecho es, pero no es fácil asumir que en 24 años de mi vida él tenga la capacidad de hacerme enojar conmigo misma, y hacerlo reiteradas veces. Capacidad que nadie tuvo antes, ni Dario, ni Alejandro, nadie. En dos años y medio de absolutamente nada siempre tuvo esa capacidad, y me enojo más aún por no poder quitársela.
¿Cómo puede alguien que solo te gusta ser capaz de enfrentarte con vos misma? Lo único que le agradezco en este momento es darme esta herramienta para escribir, era lo que me faltaba para finalizar este día de limpieza,  de liberación, de desarme de esta bomba caótica que tengo adentro. Quizás luego del último punto de esta entrada pueda matar esta crisis. No, esto último no va a pasar, esta crisis no se desenlaza aún. Quizás solo tengo la suerte en mio contra cuando se trata de él, o quizás en todo, pero en esta parte más.
Hace frío, estoy sentada en el piso y con la espalda contra una pared fría. Un cigarrillo, dos, tres; y el teléfono que hace días no me muestra tu foto. Creo que soy la viva imagen del patetismo, lo encarno y lo hago mío al sentir frío y no moverme. 24 años y sigo acá. Las mismas paredes, los mismos sentimientos de toda la vida, pero madurados por la edad y los desengaños.
Si Alejandro estuviera acá me miraría con esa cara que indicaba que me estaba equivocando una vez más, que de nuevo no tengo idea de lo que hago ni de porqué lo hago. Esa cara me serviría hoy, esa cara y un consejo, o mas bien una instrucción para seguir al pié de la letra, porque los consejos nunca los sigo, me representan opiniones y solo me parecen correctos cuando se asemejan a lo que quiero hacer. Eso tampoco lo puedo cambiar. Siento que necesito escribir mil cosas mas, pero la tinta de mi alma esta terminada, no me quedan cosas que decir o no me quedan formas de decirlas.
Nunca le dí una etiqueta en este blog por orgullo, por no demostrarle que tenía un lugar, por jugar a la mala de la película, por no dejarle de forma implícita un mensaje que dijera HOLA VOS. Nunca le dí una etiqueta porque conocía este blog, quizás aún lo conozca, pero mi mente asume que lo olvidó y que no mededicaría el tiempo que conlleva entrar a leerme. Nunca le dí una etiqueta, hasta hoy, que tras mi crisis consiguió tener en este espacio un nombre. Hoy aparece su propia etiqueta.
Caballeros, con ustedes... el huracán.

No hay comentarios: