Pasean cada tanto por mi Planeta Infierno:

martes, 26 de febrero de 2013

Bipolaridades y retornos

No me reconozco, no me acuerdo como se lidiaba con esta versión de mi. Una casi bipolaridad sacude mi cabeza, y todo lo que soy.
Me enojé. Mi mamá volvió a hablar de mis defectos como si hablara de una remera que se manda a arreglar y listo. ¿Mi respuesta? Un cachetazo. Creo que se lastimó con sus dientes y quizás hasta haya sangrado un poco. Me arrepentí después, aunque no lo suficiente como para pedir perdón.
 Vi cosas que no me sirven, lloré por sentirme una idiota y sonreí como idiota dos minutos después con una foto que vi en twitter.
No me acuerdo de esta parte de mi. No me acuerdo o evito recordar. Me acuerdo. La conozco, me conozco y esto es una mierda. Me acuerdo de cosas que esta Ludmila me hizo perder, y me pongo peor. Esta versión de mi sufría mucho menos, fue la forra, la que nada sentía, la que huía contrarreloj, que no respondía. Fue casi como si hubiera invocado esos tiempos, pensé mucho en esa personalidad, recordé que no lloraba, creo que nada le hacía mal, o tal vez todo tiempo pasado fue mejor realmente, y estoy pasando nuevo muchas cosas por alto.
Soy otra vez esa. De nuevo soy la que huye, o la que quiere correr pero no sabe despegar los pies. De nuevo busco excusas arañando las paredes, de nuevo voy a perder más de una oportunidad, y lo peor es que esta vez voy a ser consciente de cada pérdida, no como antes, que el tiempo me traía el arrepentimiento cuando ya era tarde. Ahora se lo que voy a perder, y me odio por no poder cambiarlo, por saber que mañana al verlo voy a querer correr, que voy a estar ahí en cuerpo pero no en alma, que voy a ser de nuevo una gélida presencia, y que despuésde irme no voy a responder, esa es la parte de correr lejos, el momento del "no sos vos, soy yo", y mientras corra voy a mirar hacia atras, viendo lo que pierdo, y lamentándome mientras lo dejo ahí. Me voy a arrepentir mañana, pasado, y dentro de un mes, y me voy a arrepentir todas y cada una de las veces que vea que podría haber salido bien, que podría sonreir, pero que en vez de probar decidí escaparme otra vez.

lunes, 4 de febrero de 2013

Dominguicidio

Empecé terapia, no como quería, pero terapia al fin. La obra social me derivó a un grupo porque aparentemente no estoy tan loca, o quieren ahorrar gastos, o no se. Whatever.
No hice hasta ahora grandes descubrimientos, aunque se aclararon un poco más cosas que ya me temía. Estuve hablando de mi última pseudorelación, y la psicóloga le puso la etiqueta más acertada que pudo, "simplemente estoy pasando el tiempo". Calculo que sufro para acordarme que estoy viva, la vida si problemas es matar el tiempo a lo bobo, dicen por ahí  y es cierto. Mis últimas historias fueron como leídas en una sala de espera, en una espera eterna, pero me compenetré mucho con cada uno de esos cuentos. Construyo sobre arena, donde nada nunca es firme, donde al final todo se destruye. Los últimos dos años o más me encaminé a historias destinadas al fracaso, siempre sabiendo de antemano que no tenía buenos frutos.
Entonces... ¿Qué carajo estoy haciendo? Estoy en una puta sala de espera, leyendo un libro de mierda, con historias cortas, las cuales me atrapan y las vivo en carne propia. ¿Por qué? Porque mi historia no se cerró.
La psicóloga dice que el amor no es sin lo inconsciente, que no se puede calcular ni prever, y al final es cierto. Cuantas veces intenté a conciencia empezar de nuevo? ¿Cuantas veces volví a construir? No lo sé. No lo sé porque dudo de todo lo que hice en mi vida, de todo menos de una cosa. Dudo de cada histeria en la cual me obligué contra mi propia voluntad a sufrir, dudo de casi todo lo que alguna vez en mi vida sentí o creí que sentía. De todo menos de una cosa. 
Enero fue un mes totalmente revuelto, incluso me convertí en el oído predilecto del mismo forro que meses atrás me quitaba el sueño, ese que abarcó mi año casi por completo, el que me dio la dosis de dolor que necesitaba, la dosis de problemas que le hacen a uno darse cuenta de que esta vivo y que el tiempo no se queda quieto nunca.