Pasean cada tanto por mi Planeta Infierno:

lunes, 13 de junio de 2011

Nada nuevo bajo el sol

Estoy acostumbrada. El filo de las mentiras no es nada que no conozca. Dulces dagas salieron siempre de tus ojos y tus labios y cada una de ellas supo clavarse en mi como si fuéramos parte de un tiro al blanco, como si yo fuera el tablero. Todas y cada una de tus mentiras fueron endulzadas, pero por mí. Yo misma me encargué de adornar todo a mi conveniencia, no es nada que no hubiera hecho jamás, siempre tuve esa tediosa habilidad de ver cosas que no hay, de moldear en mi cabeza las personalidades para llevarlas a ser iguales al ideal que formé de ellas. Hoy se que no me lastimaste, se que me lastime sola, siempre fui yo la que se mintió a si misma. No puedo siquiera decir que fui una ficha de tu tablero, porque en realidad yo sola me ubiqué en ese rol, yo sola armé la partida, esa partida que ya estaba perdida desde un comienzo.
No es la primera vez que me engaño así a mi misma; suelo adornar farsantes y decirme que sus pupilas hablan con autenticidad, que su boca no lastimará mis labios con besos áridos que me lleven a un desierto.
Con el paso del tiempo supe convertirme en la mayor farsante de mi propia vida. No puedo confiar en mi, no puedo creer en la veracidad de mis ideas, no puedo volver a seguir mis instintos, ellos me llevan al fracaso, de manera rotunda una y otra vez, y a su vez esos fracasos me preparan con mas fuerza para el siguiente.
No se cual sea mi próximo paso mal dado, pero se que ahora debo prepararme para no volver a ser la responsable, para que mi próxima caída no me sorprenda diciéndome "Te mentiste una vez mas". La próxima vez que caiga y me lastime, el dolor debe provenir de un afecto real, no de una intención de ser querida aún sabiendo que por mas que en un futuro pueda tomarle cariño a esa persona, no es realmente quien me importa. No puedo volver a intentar engañarme, tengo bien claro que hace meses que soy "Momia", que hace tiempo que ocupa mis pensamientos y que aun cuando esto no nos lleve a ningún lado, todavía no cuento con suficiente fuerza como para despegarme de ese rol.
No lo amo, lo tengo claro, pero tiene la justa combinación entre alguien que inspira ternura y alguien que puede hacerte dar vueltas de la risa en un segundo, y eso es lo que siempre me gustó de él, su capacidad de convertir mi cara en una roja fruta de tanto reír, al mismo tiempo que su escaso metro sesenta dibuja en mi cuerpo corrientes eléctricas que me hacen rogar que alguna vez él me quiera lo suficiente...