Pasean cada tanto por mi Planeta Infierno:

martes, 30 de noviembre de 2010

Más te alejas, más me torturan...

Buscaba el alfajor que sabía que tenía adentro de la mochila, pero en vez de eso, encontré otra cosa, me llevé una sorpresa, me gané un boleto para un viaje en el tiempo...

No estoy segura de haberlo contado acá, pero muchos saben que de madrugada me agarra ansiedad y necesito comer. Hoy sabía que en mi mochila tenía un alfajor, y fui en su búsqueda. Sin encender la luz de la habitación, metí la mano en el bolsillo de la mochila (nunca voy a entender porqué, si sabía perfectamente que el alfajor no estaba en el bolsillo) y me encontré con algo que no pude descifrar, lo saqué y lo mire en la luz. Un recuerdo me había mordido la mano.
Me senté nuevamente en esta silla donde estoy todavía y miré la remera sin entender como había llegado a mi mochila. No sé porqué me la puse, creo no haberlo hecho jamas en estos 9 meses. Automáticamente, antes de que pudiera decirme a mi misma lo ancha que me quedaba, recordé que él la llevaba puesta mientras pronunciaba las palabras filosas que pusieron fin a mi vida, pensé que de seguro había caído en esta remera alguna de esas lágrimas infinitas que cayeron de sus ojos mientras me dejaba sola a la mitad del camino, esas lágrimas que sigo sin comprender.
Volví a vivir en una milésima de segundo toda esa situación. Sentados en ese escalón, llorando ambos, pidiéndote como podía que no me dejaras. Luchaba contra un puño que rodeaba mi garganta, un puño de agua salada que no quería dejarme hablar. Volví a vivir ese momento en que no podía hacerme a la idea de lo que sucedía, ese momento en que me costaba horrores dejarte ir. Si será que me costó, que aún después de haberme dejado, pasé con vos el resto del día. Llevabas puesta esta misma remera que ahora duerme en mi regazo como si fuera un gatito, como Alex, (El único hijo verdaderamente nuestro, ese único que no reconociste, aún habiendo adoptado a dos de mis otros gatos jamas reconociste al único que es nuestro). Llevabas puesta esta remera que no te gustaba, pero que a mi me parecía hermosa. Negra, suelta, escote "V", y como la odiabas decidiste ir a casa de Matias a buscar la remera que habías dejado la tarde anterior antes del partido. Ibas a acompañarme a mi casa antes de ir a buscarla, pero me resistí, no quería dejarte ir, no lo comprendía. Fui con vos a buscar tu remera, la de las fases lunares, la que todavía me despierta fascinación, la que amabas, y seguro todavía amas, y guardé en mi bolso esta remera que hoy me acompaña. El resto del día seguí a tu lado, no se suponiendo qué, pero en algún momento se hizo la hora de despedirnos de verdad, y ya estando en la puerta de mi casa llegó el momento del beso final, ese que creo que borré. Recordé enseguida que tenía tu remera, y la saqué para dártela, entonces pasó algo como esto:
-¿Te la querés quedar?-
-¿No la vas a usar?-
-La uso para jugar a la pelota, si queres te la podes quedar.-
No respondí, y la volví a guardar.
Nunca voy a entender porqué me dejaste guardarla, porqué quisiste dejarme un souvenir de ese día trágico, al igual que no voy a comprender ninguna de las lágrimas que de tus ojos emanaron esa tarde, mientras yo era presa de un puño, el mismo puño que en estos momentos rodea mi garganta con su sal, y me tapa los oídos...
(La remera había permanecido en el bolso que llevaba ese día, hasta hoy, que mi tía lo buscó y para usarlo vació todo su contenido en mi mochila, por eso la remera se apareció así de la nada)


La vida es como un tren, no sirve mirar atrás...